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miércoles, 24 de febrero de 2016

Busca las siete diferencias entre el castillo de Neuschwanstein y el hotel que ha inspirado

Dos fantasías de cuento de hadas: el castillo, en un idílico paisaje de los Alpes bávaros; el hotel, en el noroeste de China, frente a la bahía Xinghai y al Mar Amarillo. Tan apartados y tan parecidos. Te proponemos un juego que consiste en distinguir el que pasa por ser el monumento más emblemático de Alemania del lujoso alojamiento de opulencia kitsch. ¿Te animas a jugar?

Colgado en lo alto de un risco, el castillo de Neuschwanstein, con sus torreones y su aire de cuento de caballeros medievales, es el más onírico y extravagante de los que mandara construir Luis II de Baviera, el rey loco; un soñador inadaptado a su época, amante de la arquitectura y la música, y el monarca más querido por los alemanes. A la derecha, el hotel de lujo que se encuentra sobre la montaña Lotus, en China, y forma parte de la marca de hoteles Luxury Collection, operado por Starwood Hotels.
A algo más de un centenar de kilómetros de Múnich, rodeado por los frondosos bosques de Baviera y junto al pueblo de Schwangau, Neuschwanstein fue en su día tachado de castillo artificial y exótico por su eclecticismo de estilos arquitectónicos. Lo mandó levantar Luis II en 1869, cinco años después de su llegada al trono, sobre las ruinas de uno anterior, y era él mismo quien vigilaba las obras con unos prismáticos desde el vecino de Hohenschwangau, en el que vivió durante años y que constituye otra visita nada desdeñable en la zona.
Los chinos está claro que saben copiar sin tapujos y el surrealista castillo de Dailan no es más que una copia de la fortaleza alemana, que reproduce su estilo centroeuropeo. Este hotel castillo de fábula promete una experiencia inolvidable en un entorno espectacular. Una invitación a la opulencia con vistas al mar, a la montaña y a la cuidada urbe china en la que se emplaza, pero en la que es posible alojarse desde 200 €.
Viendo el efectismo del resultado, no sorprende que fuera un escenógrafo el encargado de diseñar los planos de Neuschwanstein y que la devoción de Luis II por Wagner, de quien se convirtió en mecenas, hiciera que muchas de sus salas fueran decoradas como fidedignas escenas de sus óperas. Entre la extravagancia de sus laberintos, aparecen estancias tan increíbles como la del Salón del Trono, su dormitorio, o la espectacular Sala de los Cantores, todo un exceso de estucos dorados, espejos, sedas, bóvedas, candelabros y murales que va superándose a medida que se alcanzan los pisos superiores de este edificio en el que, sin embargo, Luis II apenas llegó a vivir medio año.
La inspiración alemana también ha llegado al interior del hotel de Dailan, donde si bien es cierto que cuenta con un restaurante cantonés, su especialidad son las cervezas alemanas artesanas y los platos del norte de Europa de su otro restaurante, mientras su spa Kaiser es lo más parecido a las termas de Baden-Baden.

miércoles, 30 de abril de 2014

Un paseo por las nubes o el perfecto parque de atracciones de Suiza

No son parques de atracciones convencionales, pero bien pudieran serlo, porque la experiencia de subirse en uno de esos artilugios que trepan por las montañas más altas de Suiza tiene mucho de emoción, además de unas vistas espectaculares. Ferrocarriles de montaña, teleféricos, telesillas... suben y bajan por este parque de atracciones perfecto que propone un singular viaje hacia las cumbres, por muy altas que estas sean




De todos los remontes de montaña de Suiza, uno de los más insólitos es el que asciende a la montaña de Stanserhorn. Conocido como CabriO, es el primer teleférico descapotable y de dos pisos del mundo, con la parte superior abierta para disfrutar del viento y de las panorámicas sin cables sobre la cabeza. Al placer de disfrutar de una comida o una cena a la luz de las velas en el restaurante Rondorama giratorio de la cima, se suma la de caminar acompañados de los rangers por las crestas y contemplar desde lo alto el lago de Lucerna, el monte Pilatus, el Bürgenstock, el Rigi y hasta los Alpes berneses. 



El funicular monovagón de Gelmer define a la perfección el concepto de parque de atracciones, ya que es el más empinado de Europa, con una pendiente del 106%. Construido en los años veinte del siglo XX como remonte de uso industrial para la construcción de la presa del lago de Gelmer, desde el 2001 está abierto a todo el público y circula al descubierto, lo que supone una experiencia única para todos los sentidos. 




Si la subida al pico del Rigi invita en verano a un viaje inolvidable lleno de nostalgia en una histórica locomotora de vapor, no menos mágica es la ascensión al monte Pilatus desde Alpnachstad en el tren cremallera más inclinado del mundo




De récord y por partida doble es el ferrocarril de montaña de Gornergrat. Inaugurado en 1898, fue el primer tren eléctrico de Europa y, además, es el tren cremallera al aire libre más alto de Europa, al que hay que subirse para contemplar desde la cima del Gorner vistas espectaculares al Monte Cervino. 




Cuando se asciende en el teleférico que sube al Schilthorn, en la región de Interlaken, se tiene la sensación de volar al vacío desde el mismo inicio. Una vez arriba quedan ante los ojos otras cimas también espectaculares, como la Jungfrau, el Eiger y el Mönch. A la primera de ellas lleva un remonte de montaña que atraviesa las otras dos y consigue alcanzar la estación más alta de Europa, a 3.454 metros de altura. 





Por si no fueran ya bastantes atracciones, también están el funicular que desde Locarno lleva a Orselina, en el Ticino, desde aquí el teleférico a Cardada y a continuación el telesilla a Cimetta; y la panorámica pasarela de Cardada.




También el tren cremallera que conduce desde Montreux sale en dirección a la cima de Rochers-de-Naye o los dos funiculares que finalizan en lo alto de Le Moléson, donde se encuentra el catalejo más grande del mundo. Un montón de aventuras para vivir y sentir a dos palmos del cielo.